Un árbol crece en Brooklyn
La autora es Betty Smith.Francie es el nombe de la protagonista, vive en un barrio humilde de Brooklyn; su padre, padece un intermitente alcoholismo que hace estragos en su vida; la madre, Katie, una luchadora tenaz, no ceja en su empeño de sacar su familia adelante, a costa de su propio descanso. Pero Katie lo tiene claro: sus hijos asistirán a la escuela y tendrán la posibilidad de cambiar de vida. Esa constancia se transmite a sus hijos, que aprenden con el hambre y las numerosas dificultades, mientras descubren en la escuela y en la lectura la existencia de otros mundos y sentimientos.
La narración desprende verosimilitud por todos sus poros. Los personajes principales y secundarios son de carne y hueso; no se ahorran temas espinosos, que son tratados con un eficaz realismo; la autora critica la situación de las escuelas a principios de siglo y la indiferencia de muchas de las maestras; la pobreza provoca a veces deprimentes y deshumanizadas escenas, etc.
Pero todo esto junto, más la tranquila descripción de la vida cotidiana del barrio –sus tiendas, entretenimientos, fiestas, oficios...–, entretejen la vida de Brooklyn, lugar que para la autora encierra la clave de aquellas existencias. Casi al final del libro, cuando Francie se dispone a cambiar de residencia, la autora resume así los sentimientos de la protagonista: “Era una muchacha de Brooklyn, con un nombre de Booklyn y la forma de hablar de Brooklyn. No quería convertirse en un mosaico de trocitos de piedra traídos de aquí y de allá”.
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